El la veía pacientemente, veía como su respirar le daba vida, como su pecho crecía y se aplanaba para mantenerlos ahí, en ese instante. El la amaba, su cuerpo desnudo descansaba mientras el repasaba, como un actor repasa un guión, lo que había ocurrido el día anterior.
Los recuerdos eran borrosos, un jardín grande pero vacío, sin una flor, sin un árbol, solo grama; él y ella, una extraña para él, pero un amante para su imaginación. Vagamente recordaba como se le acercó, como la conoció, pero el recuerdo de su primer beso permanecía nítido, como si estuviese ocurriendo en ese momento.
El ya la conocía, su imaginación ya se la había dibujado, ya le había cantado el sonido de su voz, ya le había hecho sentir el roce de su piel; para él, su historia era más larga que ninguna jamás contada, como siempre, una historia de amores y desamores que se había escrito con tinta de fantasía en su cabeza. Pero para ella él era tan solo un producto del despecho, lágrimas transformadas en un intento de olvidar.
Ella inventó su nombre, él le dio hasta su cédula; ella pensaba en otro mientras se abrazaban por primera vez, el sentía que el gesto eran costumbres que tenían. Y así cada uno escribió la tarde a su manera.
Cuando sus ojos se abrieron el estaba en la cocina, ella no sabía qué hacer, sus ojos recorrieron la habitación, buscando pistas en las paredes del cuarto que le señalaran que hacer, a donde ir. Abrió la puerta encontrándolo a él de espalda, haciendo el desayuno, el sintió el dulce roce de sus pies con el suelo y se volteó. No se necesitaron palabras, sus pensamientos se reflejaban en sus ojos, el supo que el cristal que había formado su cabeza, un cristal formado con las más bellas fantasías y cuentos románticos juntos a ella, se rompió cuando encontraron su mirada, perdida, atemorizada y sobretodo desubicada. Su imaginación le había fallado, le había contando las historias más bellas con ella, le había hecho creer que eran el uno para el otro, que ella era aquel cuerpo sin rostro que aparecía en su cabeza todas sus noches de soledad, que esa era la cara que él le ponía a todas las mujeres con las que había estado, pero se dio cuenta que no. Que ella era tan solo otra alma perdida, buscando ese rostro conocido que ninguno de los dos había encontrado en el otro.
Simplemente volvió al cuarto y se vistió, quería salir desesperadamente de ese apartamento, en el que los inundaba una esencia a confusión casi palpante.
Ninguno de los dos intentó mirarse otra vez cuando ella se escabulló a la salida. El corrió al cuarto retiró todas las sabanas y ropa que ella había tenido encima y simplemente las puso donde sus recuerdos no las podían alcanzar, quiso olvidar todo lo que había pasado, cada momento, los malos y los buenos, los quería desaparecer de su cabeza, pero, como había querido esta mañana, los recuerdos rondaban una y otra vez su cabeza, como una película, solo que se había convertido en una horrible película de terror, los paisajes que antes le habían parecido limpios, llenos tan solo de un aura de felicidad y asombro, los había convertido en paisajes horribles, llenos de mentiras y traiciones. Pero no la culpaba a ella, ella no tenía idea de la responsabilidad que tenía en sus brazos, ni quiso que la historia se desarrollara de esa manera, simplemente la mañana le mostro todas las verdades que la oscuridad de la noche les quiso esconder.
El quedó solo una vez más en ese apartamento que había sido escenario de las más bellas de las historias, pero que solo había ocurrido en su cabeza. Se preguntó si tal vez era momento de despertar, de dejar de fantasear, acabar con esa rutina de dejar su imaginación fluir, porque él sabía a dónde lo iban a llevar.
No era primera vez que ocurría, muchas veces se había dejado llevar por su propio engaño, por lo que no era la primera vez que una bella noche terminaba así; pero por más que lo intentaba, esas historia eran su escudo, su refugio, lo único que lo mantenía ahí, vivo. Su idea no era escribir, no le gustaba eso de formalizar su imaginación, esta era solamente de él y nunca la compartiría con nadie, solo con la protagonista de estos relatos, solo con la mujer que el todo los días esperaba. Creía fielmente que existía, que había alguien afuera imaginando lo mismo que el, soñando despierta. Pero no era fácil mantener la fe, cada noche fallida atentaban contra él, contra lo que se había convertido en casi una religión, que lo hacía creer, lo hacían mantenerse paciente a la espera de aquella criatura, que ya había desafiado las características de un humano. Dibujándola con precesión, había definido cada detalle no solo físico si no interno de ella, la había hecho perfecta, sin saber que no existía, en todo el planeta, ser que reuniera aquellas cualidades y que realmente su amor, su real amor, era un conjunto de errores e intentos de mejorar, pero que lo harían más feliz de lo que nadie lo había hecho, que esta persona iba hacer borrar cualquier recuerdo de decepciones que alguna vez tuvo, lo descubriría, tarde o temprano la conseguirá, pero mientras tanto se acosto una vez más en su cama y se puso a imaginar.
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