lunes, 31 de octubre de 2011

Un bello reencuentro

Prendió su último cigarrillo mientras miraba una vez más el reloj, 5:35. Buscaba en su mente alguna evidencia que lo acusara como impuntual pero no lograba encontrarla, siempre que habían tenido una cita el la esperaba ella, nunca fue al revés. Hacía ya un año desde la última vez que lo dos habían estado juntos en ese mismo apartamento, desde la última vez que se habían amado de cerca. Durante todo un año tan solo había tenido el sabor de una promesa fallida en los labios, el susurro de un amor imposible en su oído, la sensación de una compañía que durante todo ese tiempo había sido tan solo lejana, demasiado lejana para recordar cómo se sentía. Solo para mirar el reloj despegaba la vista de la parada de autobuses, cada uno de los que pasaban le despertaban la ilusión que ese sería el indicado pero todos le fallaban.
 Desde que ella había partido a Francia ninguno de los dos habían podido amar a alguien como se habían amado entre ellos; ella lo lloraba sin consuelo todas las noches y el la recodaba sin poder levantarse cada mañana. Apenas habían podido hablar durante el tiempo separado, era muy doloroso, cada vez que lograban hablar por teléfono la alegría era increíble, podían sentirlo los dos, era como tener de separación tan solo una pared, como si uno estuviera en la habitación siguiente al otro, mejor dicho en la celda siguiente, ya que era más una cárcel de la que no podían salir para encontrarse, pero por muy alegre que fuera escucharse el uno al otro cada despedida era imposible, por eso sus conversaciones eran poco frecuentes y limitadas, trataban sin éxito de ahorrarse el sufrimiento aunque el remedio era peor que la enfermedad. Pero por una noche iban a coincidir en la misma ciudad y aunque estaban cocientes que al final esto los iba a destrozar más de lo que ya lo estaban no podían evitar volver a encontrarse en ese apartamento donde vivieron las mejores experiencias que hasta ahora habían vivido.
                Estaba muy distraída recordando sus desgracias del pasado año que no se dio cuenta que había desviado la mirada de la parada y que mientras tenía la mirada perdida, el único autobús que no le iba a fallar había llegado, minutos después escuchó como alguien tocaba la puerta, antes de poder reaccionar esta se abrió y ahí estaba el, toda la soledad que habían acumulado los dos que era prácticamente palpable se disolvió en el momento que sus miradas se encontraron, todo indicio de tristeza de evaporó, no quedó más que los recuerdos más bonitos que almacenaban y un motón de promesas que revivieron como fuego otra vez, promesas de vidas juntas que sabían que eran imposibles de cumplir pero que deseaban, como un mendigo desea pan, cada vez que se encontraban. Como si fueran cuerpos magnetizados sus cuerpos corrieron a encontrarse y sin decir una palabra se dieron no tan solo un beso, sino el beso que hizo que todas las reacciones químicas de sus cuerpos reaccionaran, el beso que jamás olvidarían, el beso que jamás se repetiría, el beso más apasionado de sus vidas.

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